800° aniversario del Encuentro entre san Francisco y el Sultán.

En este año 2019, conmemorando el encuentro entre San Francisco y el Sultán, somos invitados a profundizar en el dialogo, en el encuentro con nuestros hermanos, superando la desconfianza y el miedo, abrazando la diversidad, compartiendo la visión de Francisco desde la humildad y el amor, llevando paz a todos.


Mis queridos hermanos de la Orden de los Hermanos Menores, a todos los hermanos y hermanas de nuestra Familia Franciscana, y a todos mis hermanos y hermanas Musulmanes,

¡El Señor les dé a todos ustedes Su Paz!

Hace ochocientos años, nuestro Seráfico Padre San Francisco, zarpó para Egipto, realizando el sueño anhelado de ir entre los musulmanes. Llegó al campamento del ejército cruzado, entre los cristianos latinos que a través de años de predicación y de retórica sobre la guerra santa habían sido adoctrinados para despreciar a los musulmanes. Esos mismos musulmanes tenían toda la razón para despreciar a Francisco, conjeturando que él, como la mayor parte del campamento cruzado, era un enemigo y no un portador de paz. Hoy celebramos lo que nadie en ese tiempo podía haber previsto: que un hombre lleno del Espíritu, desarmado y sin nada propio atravesó las líneas de la batalla para pedir un encuentro con el Sultán. Francisco fue recibido atentamente por el Sultán y disfrutó por un largo período de la hospitalidad del jefe musulmán. Francisco regresó sano y salvo a su tierra natal, profundamente impresionado por ese encuentro y maduró una nueva y creativa visión para sus hermanos sobre cómo debían ir entre los musulmanes, sobre las cosas que los hermanos debían hacer y decir a fin “que agraden al Señor” (Rnb 16,8).

El aniversario del encuentro de Francisco con al-Malik al-Kamil en Damieta en 1219 nos invita a preguntarnos nuevamente cuáles acciones y palabras, en medio del pluralismo y complejidad del mundo actual, serían agradables a Dios.

La Iglesia subraya cada vez más el diálogo interreligioso como un elemento esencial de la misión de la Iglesia hoy. El Concilio Vaticano II exhortó a los fieles cristianos a participar en el “diálogo y la colaboración con los seguidores de otras religiones, a fin de que, con prudencia y caridad, den siempre al mundo testimonio de fe y vida cristiana”. La Iglesia nos invita a renovar este momento originario de nuestra historia, el viaje de san Francisco a Egipto, para abrirnos de nuevo a la transformación que experimentó el Santo de Asís y caminar junto con los musulmanes y con los pueblos de todas las creencias como compañeros de viaje, como constructores de civilidad, y más profundamente, como hermanas y hermanos hijos de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Aliento a la Familia Franciscana a celebrar este aniversario como un momento en el que la luz del Evangelio pueda abrir su propio corazón para ver la imagen de Dios en las personas que miramos con miedo y desconfianza, o peor aún, en las personas que nos sentimos impulsados a odiar. [...]

Además del estudio y la oración sobre los temas de encuentro y diálogo, aliento a los seguidores de Francisco que no han tenido ningún contacto personal con el islam, a recordar la experiencia de nuestro fundador y dar un paso sencillo y concreto: conocer o encontrarse con un musulmán. Traten de aprender y apreciar qué experiencia de Dios lo anima o la anima y permítanles a sus amigos musulmanes ver el amor que Dios ha derramado en su corazón por medio de Cristo. A pesar de la insistencia del Concilio Vaticano II de que los musulmanes, con nosotros, “adoran al único y misericordioso Dios” (Lumen Gentium, 16), muchas voces tristemente insisten en que es imposible el diálogo entre cristianos y musulmanes.

Los ejemplos de Francisco y del Sultán presentan una opción diferente. Ya no se puede insistir en que el diálogo con los musulmanes es imposible. (...) La fidelidad a la visión de Francisco nos compromete a compartirla con humildad. con corazones y mentes abiertas a la presencia de Dios en tal encuentro. (...) Único en su tiempo, Francisco alabó a Dios diciendo, “Tú eres la humildad”, y habló de la “sublime humildad”, de la “humilde sublimidad” de Dios (CtaO 27). La búsqueda de Dios del corazón cristiano encuentra descanso en la humildad del pesebre y de la cruz, signos de un Dios que se rebajó hasta hacerse siervo y se humilló a sí mismo por amor nuestro. Francisco nos invita a reflejar esa divina humildad a quienes nos encontramos dando el primer paso como siervos y con amor

 [...] Rezo para que este año profundice la fraternidad que compartimos en el Dios que ha creado todas las cosas en el cielo y en la tierra, y que este vínculo continúe fortaleciéndose mucho después de 2019. Dios podría habernos hecho a todos iguales, pero Dios no lo hizo así (Al-Shura 42.8). Con ustedes, sus hermanas y hermanos franciscanos están ansiosos por mostrarle al mundo que los cristianos y los musulmanes pueden vivir juntos en paz y armonía.

En conclusión, nunca olvidemos que el ejemplo de san Francisco fue una vida de continua conversión. Cuando joven sentía repulsión por los leprosos, pero un acto de misericordia cambió su corazón y “lo que le parecía amargo se le cambió en dulzura” (Test 3). (...) El llamamiento bíblico a la conversión resuena en el repetido mandato del Corán de volver a Dios, de cambiar el mal con la bondad y con actos de caridad para con los más vulnerables de la sociedad. En medio de los gemidos del mundo por la comprensión interreligiosa, que nuestro humilde, paciente y misericordioso Dios nos muestre a todos los gestos y las palabras que más le agradan al Señor Dios.

Roma, 7 de enero de 2019.

Paz y todo bien,

Fr. Michael A. Perry, OFM

Ministro general y Siervo.