Retiro de Pascua

"Vine para que tengan Vida en abundancia" Jn 10, 10

Este retiro está pensado para jóvenes de más de 18 y hasta 32 años que quieran compartir, celebrar y profundizar el camino Pascual de Jesús de Nazareth entrando en la dinámica de la entrega de la vida.

En estos días, desde el Jueves Santo y hasta el Domingo de Pascua, recorremos juntos lo esencial de nuestra fe y hacemos experiencia de Vida en abundancia, de Vida Resucitada, de ser hombres y mujeres de esperanza.

 

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Testimonio de una joven, primera Pascua en la Casa

"Y así pasaron los tres días. Desde el momento que llegue hasta el día que me fui, encontré una luz. Una luz diferente a la de siempre. Me sentí tan cómoda. Tan escuchada. Tan acompañada."

Era 30 de Marzo. Me encontraba en la cama angustiada por una cruz que venía arrastrando hace ya un tiempo. No me encontraba muy bien, hasta me animo a decir que estaba perdida. Dentro de un laberinto donde la salida ya no era opción. Estaba muy triste, y sin saber cómo seguir, como encontrarme.
Me acuerdo que estuve tirada en la cama todo el día. Estuve hablando con un amigo sobre que tenía muchas ganas de irme a un retiro o a una misión, pero no sabía muy bien a cual o a que ir.
A la hora, el me vuelve a hablar y me dice que él iba a ir a un retiro de unos tales franciscanos, y que si yo quería, podía ir con él. Ante esto lo primero que pensé fue “Que son los franciscanos?” No sabía muy bien que imaginarme. Nunca antes los había escuchado. Al preguntar quienes eran me mandaron una foto de Internet sobre que eran los franciscanos. Era una foto muy borrosa. En la que habían unos viejos de unos 70 años todos en unas túnicas raras. Me dijeron que seguían a Cristo a través de la humildad y la simpleza. Y si te soy sincera, es lo único que sabía cuando fui al retiro.
Me anote ese mismo día. A las 15.30, me acuerdo bien. Me daba un poco de nervios ir, ya que no sabía que eran, ni sabía muy bien que era ese retiro. Pero me anote igual, no sé porque. Hasta me acuerdo que quería que me manden un mail y que me digan que las inscripciones ya habían cerrado y que no iba a poder ir (porque me anote dos días antes del retiro, y era muy probable que me digan que ya el cupo estaba completo). Pero no, todo lo contrario, me mandaron un mail, diciendo que ya estaba anotada y me esperaban para el 1 de Abril en la casa.
Llega el primero de Abril. Me acuerdo estar llegando a la casa, y que mis nervios volvieron a ponerse de punta. “Y si la paso mal?” “Y si no me llego a sentir cómoda?” “Que estoy haciendo, porque estoy acá” “Es muy tarde para volverme a mi casa?” Esos eran los únicos pensamientos que rondaban por mi cabeza en ese momento.
Y así pasaron los tres días. Desde el momento que llegue hasta el día que me fui, encontré una luz. Una luz diferente a la de siempre. Me sentí tan cómoda. Tan escuchada. Tan acompañada. Puede sonar raro, pero aprendí muchísimo en ese retiro. Después de tantas charlas y tantos testimonios puedo decir que me fui diferente de ese retiro. Lo necesitaba. Al 100x100.
Cuando me volví a mi casa, pude tener la fuerza que al principio no tenia, para poder encontrarme. Para poder salir de ese laberinto tan oscuro al que me encontraba. Pude seguir avanzando y entender que simplemente hay que confiar a donde Cristo nos quiere llevar.
Hasta el día de hoy, siempre intenté ir a la misa de la casa. Escuchar y prestar atención a todos los vivos y todas las publicaciones que ponían en Instagram.

"Asique si me preguntas, los franciscanos son simpleza. Son paz. Son armonía. Ir a la casa, es encontrarse con uno mismo, con Cristo. Es poder conectar con el otro desde una simple charla, es sentirse escuchado, sentirse acompañado. Sentirse seguro, a salvo.

 

Renace la vida y el corazón

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